El amor a los padres
Cuando el honor es parte del ethos familiar

Love for Parents
When Honor is Part of the Family Ethos

Sofía Quintanilla

Seminario SETECA, Guatemala

[email protected]

Resumen: La sociedad de hoy está carente de ciertos valores que son clave para el ambiente sano en familia. El mandamiento de honrar a padre y madre está vigente hoy; es un mandamiento noble que implica tener en alta estima y busca proteger la integridad y santidad de la familia. ¿Qué implica para nosotros hoy este mandamiento? ¿Cómo podemos enseñarles a nuestros hijos sobre honrar? Los padres modelan la honra a los hijos cuando de manera natural transmiten aceptación y cuando la comunicación se vive con libertad y respeto.

Palabras clave: familia, padres, hijos, diez mandamientos, honrar, respeto, comunicación.

Abstract: Contemporary society lacks certain values that are key to a healthy family environment. The commandment to honor father and mother remains relevant today; it is a noble commandment that implies holding parents in high esteem and seeks to protect the integrity and sanctity of the family. What does this commandment mean for us today? How can we teach our children about honoring? Parents model honor to their children when they naturally transmit acceptance and when communication is lived with freedom and respect.

Keywords: family, parents, children, ten commandments, honor, respect, communication.

Introducción

El cambio es algo constante para el ser humano. Conforme crecemos, nuestros cuerpos cambian y, con ellos, lo que hacemos. Las sociedades también cambian, la tecnología evoluciona y con ella nuestras vidas también sufren transformación y no necesariamente para bien. Los valores que ayudan a preservar la unidad familiar se están diluyendo; actitudes como la empatía, el respeto y la cortesía, entre otros, ya no se transmiten de la misma manera.

Me gustaría reflexionar en este artículo sobre el amor a los padres. El mandamiento bíblico dice que honres a padre y madre para que te vaya bien y tengas larga vida (Biblia Hebraica Stuttgartensia [BHS], 1977/1997, Ex 20:12). ¿Qué significa honrar? ¿Es acaso hacer todo lo que ellos quieren y perder nuestra propia individualidad? ¿Tendrá que ver con negar quiénes somos? Mi mamá, por ejemplo, quería que yo fuera a la universidad a estudiar medicina; sin embargo, un bisturí era lo último que quería sostener en mi mano.

En este artículo trataremos de traer luz sobre el contexto histórico en el que se gesta el mandamiento de honrar a padre y madre, entendiendo que el decálogo se recibe al salir de la esclavitud en Egipto, por lo que obedecer estas leyes debe entenderse como una respuesta de gratitud por parte de los esclavos recién libertos. A la vez, trataremos de contextualizar el mandamiento para nosotros hoy día reflexionando en que la ordenanza no termina cuando nuestros padres mueren; el mandamiento continúa vigente para honrar su memoria. La pregunta que pretendemos responder es: ¿cómo vivir el hoy, de tal manera que, al ellos morir, nuestra conciencia queda tranquila y satisfecha?

Fundamento bíblico y teológico del mandamiento

Los términos en el hebreo

El mandamiento se encuentra tanto en el libro de Éxodo como en Levítico. En Éxodo 20:12, la palabra hebrea que traducimos como honrar significa literalmente «dar peso a los padres». La idea del verbo es «ser pesado» en el sentido de ser importante, de recibir honor y gloria. En Levítico 19:3, el verbo utilizado es literalmente temer, pero no en el sentido de tener miedo, sino de profundo respeto (BHS, 1977/1997).

«El cambio de la palabra honrar por respetar en Levítico demuestra que la honra de vida a los padres va mucho más allá de la mera obediencia, e implica más bien un reconocimiento del rol de los padres como instrumentos de Dios» (Santos, 2022, p. 126). En un sentido, se podría afirmar que ambos verbos tienen que ver con respeto.

Un reconocido biblista llamado John Hartley (1992) sí considera que el uso de la palabra temer en este pasaje es inusual porque en la Biblia, el objeto de este tipo de reverencia o de respeto generalmente es Dios mismo. Lo que quiere decir que el pasaje le está dando un lugar de mucho honor a los padres, reconociéndoles su autoridad.

En Levítico 19:3 se presenta el orden inverso de los sustantivos: «teme a madre y padre» (BHS, 1997). De hecho, hay traducciones que alteran este orden para que tenga congruencia con el pasaje de Éxodo. Hartley (1992) considera notable que la madre vaya primero, pues se está exaltando la labor de ella y se podría pensar que Dios está dejando claro la necesidad de cuidar económicamente de la madre en una sociedad donde la cultura patriarcal y machista rige el uso de la tierra.

Daniel Santos (2022) reflexiona en que este mandamiento hay que pensarlo de acuerdo con la etapa de los hijos en la vida. Así, por ejemplo, los niños deben respeto y obediencia a los padres; mientras que los adultos les deben respeto de por vida. Santos (2022) también comenta cómo hoy en día en la sociedad se promueve «el desprecio y el descuido por los ancianos, y el deterioro del concepto de familia desvaloriza cada vez más a los padres» (p. 126).

Otro biblista llamado Pablo Andiñach (2008) elabora en el concepto de la honra, explicando que la palabra hebrea «se relaciona con glorificar, honrar, tener en alta estima» (p. 222). Señala cómo la Traducción en Lenguaje Actual, al decir «obedezcan y cuiden», logra dirigirse no solo a los niños, sino también a los adultos, quienes deben cuidar de las necesidades materiales de sus padres. Tener en alta estima es quizás una dulce manera de expresar el espíritu del mandamiento y de lo que más estamos perdiendo en estos días.

A veces un término se comprende mejor cuando pensamos en un antónimo. El verbo que significa menospreciar, deshonrar, tiene el sentido de insultar o decir mentira sobre alguien. En 1 Samuel 17:42, Goliat menosprecia a David al verlo tan jovencito, y en Isaías 53:3 se usa dos veces para el siervo de Yahvé que «fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción . . . fue despreciado y no lo estimamos» (Nueva Biblia de las Américas [NBLA], 2020). En algunos pasajes el término tiene una relación directa con blasfemar, como en Números 15:30-31: «Aquel que obre con desafío, . . . blasfema contra Yahvé . . . porque ha despreciado la palabra de Yahvé y ha quebrantado su mandamiento».

Otros pasajes bíblicos a considerar

Hay otros pasajes bíblicos que debemos tomar en cuenta pues complementan nuestro tema. Por ejemplo, Mervin Breneman (1996) señala el pasaje de Deuteronomio 21:18-21 que ilustra que la obediencia a los padres era un asunto delicado, pues establece la pena de muerte para el hijo que persista en ser desobediente. Tanto Levítico 24:16 como 20:9 dictan sentencia de muerte. El primero está preservando el honor del nombre de Dios y el segundo el honor de los padres. Equiparando estas condenas podemos afirmar que Dios está poniendo en muy alto nivel el honor de los padres, tanto como su propio nombre.

Efesios 6 menciona que la responsabilidad de los hijos tiene que ver con obedecer. A veces solo nos imaginamos que el mandamiento está dedicado a los niños. Sin embargo, los textos están hablándole a personas adultas. Desde nuestro contexto cultural bastante más individualista, cuesta entender que un adulto obedezca siempre a sus padres.

Ahora, el texto de Efesios está en griego y fue escrito por Pablo, quien era hebreo. Quizás debemos considerar que, en el pensamiento hebreo, el verbo para escuchar es el mismo que se usa para obedecer o comprender. Véase, por ejemplo, Génesis 11:7, donde claramente el verbo hebreo shamar, que significa escuchar u obedecer, debe traducirse como entender. Posiblemente nuestra falencia cultural es pensar solo en el concepto obedecer; pero si ampliáramos la comprensión cultural del verbo, podemos afirmar que escuchar y obedecer van juntos y la preservación de la familia tiene que ver con la comprensión, el escuchar y obedecer aquello que resguarda la integridad de la comunidad.

En los textos de Mateo 15:5 y Marcos 7:11, Jesús deja claro que debemos atender las necesidades económicas de los padres. «Los hijos adultos han de tomar en serio a los padres ancianos. Deben cuidarlos, empezando con las cosas materiales. Deben darles participación en la vida de la familia. Deben entregarles compañerismo y comunión, y escuchar su consejo» (Breneman, 1996, p. 35). Aquí hay mucho para conversar porque hoy en día es muy común la negligencia para con los padres, tanto económica como emocional, reflejando así que no les tenemos en alta estima.

Breneman (1996) menciona que muchas veces los hijos guardan heridas y rencores para con los padres por cosas que sucedieron durante la niñez. Nuestro reto es experimentar el dulce perdón. En realidad, es injusto pedirles a nuestros padres que sean perfectos. La humanidad implica que uno se equivoca. Humanidad significa que reconocemos nuestras falencias y que aprendemos a perdonar. En el perdón hay profunda libertad; es concederle al prójimo el derecho a ser humano y, por tanto, también a nosotros mismos. La verdad es que solo Dios puede llenar nuestro vacío interno y ser Todo para nosotros.

Breneman (1996) apunta que el libro de Malaquías, y por tanto el Antiguo Testamento, termina hablando de la reconciliación entre padres e hijos. Lo único que hay que tener cuidado acá es que eso sería solo en el orden canónico cristiano. El orden canónico hebreo tiene los libros en otro orden. Pero sí rescatamos que, para Malaquías, el tono de esperanza para concluir su profecía, es que Dios traería reconciliación en las familias, un símbolo de paz y armonía.

Contexto histórico-legal del decálogo

El mandamiento como lo conocemos viene enmarcado en el decálogo y, aunque afirmamos que Dios ha puesto la ley natural en el corazón del ser humano, también hubo un momento histórico en el que la ley quedó grabada en piedra, literalmente hablando. Esos diez mandamientos expresan lo más importante del aparato legal israelita.

Ese momento histórico es la salida de esclavitud de Egipto. Ellos eran esclavos maltratados, su dignidad estaba siendo violentada y no tenían esperanza. Egipto era una potencia mundial y su ejército se vestía de grandeza. El Señor mira a su pueblo con misericordia, escucha su clamor y decide actuar en favor de ellos para darles libertad. La libertad en sí no fue condicional, no dijo: «si se portan bien, los libero». Simplemente, los liberó.

«Los israelitas no veían los diez mandamientos como una carga pesada, sino como una carta de libertad, para guiarnos en una sana relación con Dios y para indicarnos cómo tener una sociedad sana» (Breneman, 1996, pp. 11-12). Este cúmulo de leyes expresa una relación con este Dios de pacto.

El punto es que la ley, como quedó escrita en los diez mandamientos y la legislación del Pentateuco, viene como una respuesta de la liberación que han experimentado. Dios los liberó de la esclavitud, los forma como nación y les da esta ley de gracia para que sean una sociedad más equitativa y saludable. Para más sobre el contexto histórico y del concepto cultural de familia, véase Wright (2004). En general, el Pentateuco muestra un nivel más alto de dignidad para la mujer y el ser humano que el resto de leyes y códigos de las demás culturas antiguas.

Una cláusula que se repite constantemente en Levítico es «porque yo soy santo». A causa de la santidad de Dios su pueblo debe reflejar ese atributo. Así, el mandamiento en cuestión responde a la santidad de la familia. La familia fue instaurada por Dios en Génesis 1 y 2. Ella requiere límites de protección para preservarla. El séptimo mandamiento, no adulterarás, también busca preservar la santidad de la familia (Breneman, 1996).

En ese tiempo histórico, la casa paterna era la familia nuclear y, por tanto, el círculo básico de unidad social; luego estaba la familia extendida, los clanes y las tribus. Se entiende que el mandamiento está para preservar esa unidad social pequeña de la casa paterna. De igual manera, entendemos que preserva la unidad y la autoridad en los clanes y las tribus.

En la antigüedad, al realizarse un pacto entre un señor y su vasallo, se generaban dos copias, una para ser guardada en el templo del rey soberano y la otra en el templo del súbdito. Es posible pensar que las dos tablas de la ley tuviesen la misma escritura de los diez mandamientos con la idea de reproducir esta práctica social, en cuyo caso ambas se guardarían en el mismo templo o santuario; este siendo la casa de Dios y a la vez el santuario del pueblo.

La virtud de la piedad y la vocación personal

Para santo Tomás de Aquino, el mandamiento de honrar a los padres era visto como parte de la virtud de la piedad; implicaba respeto, obediencia ordenada y ayuda material. Para él, el mandato crea en el individuo la base para respetar toda autoridad en el orden social, pero no se trata de absolutizar la autoridad de los padres por encima de Dios o de la propia conciencia (Catolicidad, 2010).

En este sentido, honrar a los padres no es perder nuestro propio camino en la vida. Nacemos con determinadas fortalezas de pensamiento, diversas personalidades e inclinaciones. La familia y la sociedad deben facilitar el desarrollo pleno e integral en la persona y no imponer un modelo que no se ajuste a la medida particular. El reto es asumir nuestra propia vocación y llamado en la vida, a veces inclusive contra el proyecto de vida que nuestros padres sueñan para nosotros. Lo nuestro es amarlos, respetarlos, valorarlos y agradecerles lo que nos han dado. Además, tenemos la responsabilidad de cuidarlos en cualquier necesidad que tengan, sobre todo en la etapa de su vejez.

Honrar a los padres y mi experiencia personal de duelo

En julio del 2024 perdí a ambos de mis padres. Fallecieron con 9 días de diferencia, y mi abuela materna partió dos meses después de ellos. Mi padre fue el primero en irse, a causa de una falla respiratoria y mi mamá perdió la batalla contra el cáncer en el ducto biliar. Ella era una mujer admirable, dulce, noble, amaba el trabajo social con la niñez, era una mujer comprometida con la palabra de Dios. Mi padre era devoto a la lectura, a la reflexión, amaba la filosofía, la historia era su compañera y también comprometido con la rehabilitación de alcohólicos y drogadictos. La abuela tenía su carácter, una mujer trabajadora, emprendedora y muy inteligente. Mis padres estuvieron casados durante 61 años. Tuvieron sus momentos muy buenos, momentos difíciles y los muy duros; ambos eran creyentes cristianos y muy piadosos. Se llora profundamente por la muerte de la madre. Por mi padre me he dolido bastante más de lo que imaginaba, descubriendo que mi vínculo con él era intenso.

Hacía unos años que me había venido a vivir a Guatemala y, aunque viajé para ambos funerales, pronto me encontré carente de recursos internos para enfrentar el duelo que me embargaba. Fue entonces cuando supe de un cementerio aquí en la ciudad donde se puede poner una pequeña plaquita para el ser querido. Luego de mucho pensarlo, mi esposo y yo decidimos comprar la plaquita y hacer un memorial en honor a ellos.

Sabía que no se trataba de enterrarlos de nuevo, ellos habían tenido un funeral precioso; habíamos liberado unas palomas y las anécdotas que se contaron hicieron sublimes esos momentos. El memorial tenía que ver con honrarlos y expresar lo mucho que significaban para mí. Así que invitamos a unos pocos amigos cercanos y preparé una reflexión bíblica.

Escogí Génesis 23. Abraham, el padre de la fe, ha perdido a Sara; ella ha muerto en buena vejez y a él le corresponde enterrar a su amada esposa. Es un capítulo testigo del duelo de este viudo y de la compra de un terreno para sepultura. El pasaje inicia describiendo el llanto de Abraham, el verbo hebreo denota un llanto con intenso dolor. Él ha sido lo suficientemente valiente en la vida para enfrentar muchas pruebas, pero aquí le vemos quebrantado por la situación, y a la vez, conectado emocionalmente con su ser interior.

Me tocó crecer en una sociedad en la que se valoraba una masculinidad sin lágrimas, fuerte, desconectada del dolor físico o emocional. Sin embargo, esta no es la masculinidad bíblica. Larga es la lista de los hombres que lloran en la Biblia: Abraham, Jacob, Esaú, José (en Egipto), David, Saúl, Jeremías, Jesús, y muchos más. Ellos logran responder con humanidad ante las situaciones difíciles. Hoy día sufrimos socialmente por la falta de empatía y sensibilidad emocional. No estoy diciendo que todo hombre tiene que llorar forzosamente, pero estemos seguros de que podemos sintonizar nuestros sentimientos por la mera salud mental de nuestras familias y de nuestra sociedad. También, sepamos que el llanto enriquece la masculinidad de un varón, lejos de disminuirla.

En el mundo antiguo, el llanto era algo esperado en estas situaciones de duelo; se veía con naturalidad el que las personas expresaran el sufrimiento ante la pérdida de un ser querido. Los rituales de duelo eran comunes y podían ser comunitarios; las lamentaciones podían ser públicas o privadas. El pequeño libro de Lamentaciones en la Biblia, junto a muchos Salmos de lamento, dejan escuchar el grito de auxilio, no solo del individuo, sino también de una colectividad expresando sus emociones y dedicando tiempo a sentir la pérdida.

De ahí que también se contrataran mujeres profesionales para llorar e intensificar la expresión del dolor. El llanto se podría acompañar con gestos como rasgarse las vestiduras, cubrirse de ceniza y golpear el pecho, era un lenguaje corporal y vocal a través del cual se comunicaba la magnitud de la pérdida vivida.

Abraham llora, pero no se queda en el llanto, pues debe actuar con prontitud, ya que la descomposición del cadáver apremia a la acción. El texto dice que ella muere a los 127 años (Génesis 23:1), él tendría entonces unos 137 años (Abraham le lleva a Sara unos diez años: «Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?» [NBLA, 2020, Gen 17:17]). Recordemos que migran hacia Canaán cuando él tiene setenta y cinco años (Génesis 12:4). Mi punto aquí es que han pasado sesenta y dos años desde que llegaron a estas tierras. ¿Por qué este dato sería importante? Pues, porque ha pasado mucho tiempo desde que Dios le promete tierra, descendencia y bendición.

Desde que llegan hasta el nacimiento de Isaac tenemos unos veinticinco años, y podemos afirmar que Abraham goza de bendición y prosperidad económica, aunque también ha experimentado situaciones difíciles (Génesis 12:10). Él es lo que llamaríamos un nómada pastoril. No se trata de un nómada que se mueve de arriba abajo; nómada pastoril significa que se mueve para encontrar pastos que alimenten sus extensos rebaños. A pesar de la bendición de la que goza, en Génesis 23 vemos que Abraham todavía no tiene tierra propia. Había adquirido el derecho al agua pactando con Abimelec y pagando por unos pozos que él mismo excavó. Pero el derecho al agua es muy diferente al derecho de poseer tierra propia.

La situación de sepultar a Sara apremia porque la descomposición de un cuerpo no espera y los locales no le van a negar el derecho de comprar un terreno para sepultura, pues, para las culturas antiguas del Medio Oriente, un entierro adecuado era crucial. No recibir una sepultura adecuada se consideraba una terrible desgracia; era una forma de deshonra para el difunto y para su familia. Se creía que el alma o el espíritu del no sepultado vagaba sin descanso, atormentado y sin poder acceder al reino de los muertos o al descanso final (John Walton, 2018).

La falta de sepultura para un miembro de la familia acarreaba vergüenza pues era visto como una señal de negligencia, incapacidad y abandono por parte de los vivos; y pensaban que esto atraía algún tipo de maldición sobre los descendientes. Además, la ira del difunto perseguiría a la familia con todo tipo de disturbios, pues el entierro, que era en sí un rito, garantizaba pasar al otro mundo para descansar. Sin este rito, el alma quedaba atrapada entre mundos, causando perturbaciones y malestar. Un cuerpo insepulto era desequilibrar el orden de las cosas (Walton, 2018).

Pero además de lo cúltico, la realidad de la materia física es que las fieras y la descomposición de la materia amenazaban también el orden y esto era visto con horror y repulsión. En las guerras, negar intencionalmente la sepultura a los enemigos o criminales era una forma de castigo extremo y humillación; era negarles dignidad aún después de la muerte.

Sepultar dignamente a los padres era muy importante, tanto que socialmente esta era una de las funciones principales esperadas de un hijo. Es más, las parejas que sufrían la esterilidad adoptaban para asegurarse de ser sepultados con honor.

La sepultura, fuese en una tumba familiar o individual, aseguraba un lugar de descanso y un punto geográfico para recordar por parte de las generaciones futuras. De lo contrario, la persona quedaba condenada al olvido, borrando su existencia para siempre. El nombre para ser recordado, juntamente con el lugar visible, significaban que la persona podía seguir existiendo (Walton, 2018).

Dicho esto, Macpela (el terreno adquirido por Abraham para enterrar a Sara [Génesis 23:19-20]) es, sin lugar a duda, el primer pedazo de tierra adquirida legalmente por el patriarca. El capítulo veintitrés describe una negociación comercial por la propiedad que tiene una cueva, y además es una extensión considerable de terreno con árboles incluidos. El precio es exorbitante: cuatrocientos siclos de plata que se pagan en el momento, con testigos que tendrían que honrar la transacción como legal. El hecho de que se pesara la plata «de buena ley entre mercaderes» indica una transacción comercial formal y seria.

Este será el primer vínculo visible y propio con la tierra prometida. Los descendientes tendrían aquí un lugar de arraigo y de memoria. El nombre de Sara sería ahí recordado, y eventualmente para el resto de los patriarcas y matriarcas. Abraham, Isaac, Rebeca, Jacob y Lea fueron ahí sepultados (Génesis 25:9-10; 35:29; 49:29-32; 50:13). La familia tendría ahora un lugar de descanso para las futuras generaciones. Ellos serían las figuras fundacionales del pueblo de Israel y centrales para la identidad de la nación. La memoria de pacto y de una relación con Yahvé inició con ellos.

Así, Macpela no es solamente para la sepultura de Sara, sino que constituye el inicio del cumplimiento de la promesa de la tierra. La mención del campo, la cueva, con todos los árboles y sus límites (BHS, 1977/1997, Gen 23:17-18), sugiere que la propiedad era más extensa que una simple cueva aislada. Los árboles en la antigüedad tenían valor por su madera, sus frutos o simplemente como indicadores de la fertilidad y extensión de la tierra. Además, eran sembrados para hacer lugares de culto. Abraham había plantado un árbol en Génesis 12 en otra área, lo que sugiere que él está introduciendo el culto a Yahvé en la zona.

Otro pasaje para considerar es Nehemías 2:3-5 donde el rey le pregunta a Nehemías por qué está tan triste:

Le dije al rey: «Viva para siempre el rey. ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego?». Entonces el rey me dijo: «¿Qué es lo que pides?». Así que oré al Dios del cielo, y respondí al rey: «Si le place al rey, y si su siervo ha hallado gracia delante de usted, envíeme a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique». (NBLA, 2020).

Esto para afirmar que, a oídos del rey persa, la petición de Nehemías mencionando el lugar del sepulcro de sus padres era más que legítimo para acceder a la reconstrucción de los muros y la ciudad de Jerusalén.

Ya he mencionado que en Génesis 23 no hay una relación padre-hijo, y de los padres de Nehemías no sabemos gran cosa, pero estos pasajes hablaron mucho a mi vida en un momento doloroso porque encontré consuelo en la idea de que la pérdida de Abraham representó el inicio concreto de la tan anhelada tierra propia, y en el caso de Nehemías, su argumento, muy válido, por cierto, contribuye a que el rey aceptara reconstruir la nación. En medio de mi duelo por la pérdida de mis padres trataba de pensar que algo bueno vendría.

Hoy más que nunca pienso que todo hijo debe prepararse para la pérdida de sus padres. Entender cómo honrarlos es básico para vivir con una conciencia tranquila, para tener una relación cordial y retribuirles lo mucho que nos han dado. Ofrecerles una sepultura digna es además parte de un buen cierre y a veces no nos enseñan a pensar en eso.

El concepto de honrar en la Biblia tiene que ver con darle un lugar de respeto a la persona, darle alabanza en el buen sentido, como quien halaga a alguien por lo que hace o por lo que es. Esta sencilla práctica tiene que ver, por ejemplo, con agradecerles por lo que nos dan y agradecer por quiénes son. ¿Pero dónde aprendemos a agradecer? Honrar se aprende en el seno del hogar con padres que son agradecidos por sus hijos, y que los valoran por quiénes son y lo que hacen.

Aprendemos la honra dentro de la familia

El padre modela cómo es honrar a otro ser humano, respetando su dignidad y expresando valía. Los tiempos en familia no deben tomarse a la ligera. Aceptar que existe toda una multiplicidad de talentos y personalidades es un don acompañado de paciencia. No impongamos a los hijos una medida que ellos no traen. Enseñarles valores va de la mano con apreciar su individualidad.

El reto que tenemos como familia es distinguir entre una conducta errónea y el camino peculiar del niño. Si no apreciamos su originalidad, ellos tampoco aprenderán a apreciar la nuestra. Darles respeto es contribuir a que entiendan cómo honrarnos a lo largo de la vida. Que sepan lo que hacemos por ellos es ayudarles a ser agradecidos; pero no como quien está cobrando una factura de todos los supermercados y farmacias que hemos pagado, sino con el lente de que los amamos y queremos que estén bien cuidados.

Propiciar la gratitud se gesta al jugar juntos, reír juntos, comer juntos. Las responsabilidades de la vida y el trabajo digno no deberían robarnos lo más preciado que es la familia misma. Bill Perkins (2025) explica el valor de las experiencias juntos, algunas de ellas pueden ser gratis, otras más costosas, pero la meta es saborear la vida con quienes amamos. Creo que el mejor aporte de Perkins (2025) es ayudarnos a entrar en conciencia de que las experiencias de familia las planificamos regularmente y, una vez vividas, las atesoramos. Seamos intencionales en crear los espacios y las oportunidades, pues todos moriremos en algún momento y solo nos llevamos lo que hemos gozado juntos.

Hoy en día sufrimos en nuestra sociedad la plaga del narcisismo. Son muchos los factores psicológicos que se pueden hilar en este tema. Pero rescato tan solo la importancia de darle a los hijos la debida atención como una forma de prevención de este tipo de trastornos de la personalidad. Espacios de diálogo en los que nos vemos a los ojos y nos escuchamos con atención son vitales para un desarrollo sano e integral. Ellos tienen que sentir que son importantes, que son nuestro mundo, que no necesitan buscar atención afuera porque ya la tienen en el seno familiar. Forjemos hogares donde los dispositivos electrónicos no estén entronados —puesto que los teléfonos celulares nos han cambiado mucho y han propiciado cierta desconexión emocional—, y donde la mesa de discusión en familia siempre está abierta.

No perdamos el diálogo, algún tema podemos tener en común. Podemos contar alguna historia de los abuelos, compartir un juego de mesa, hornear galletas juntos, y nunca sobra un helado por degustar.

Aprendemos sobre la diversidad

La Dra. Katherine Benziger (2000) ha investigado en lo referente a cuadrantes cerebrales. Los estudios de esta neuróloga y su equipo apuntan a que tenemos diversos tipos de pensamiento dominante de acuerdo con cuadrantes en el cerebro. Se trata de mera estructura cerebral y oxigenación, lo importante es saber que los estilos de pensamiento y de trabajo no son mejores o peores, sino diferentes y complementarios.

El enfoque de Benziger (2000) es ayudar a las personas a reconocer su propio patrón dominante de pensamiento y ayudarle a disminuir el estrés de fungir en un rol o tareas que no son su fortaleza. Cuando funcionamos en nuestras áreas fuertes, aumenta nuestra satisfacción y efectividad en el estudio, el trabajo y las relaciones, y nuestra autoestima también se fortalece.

Los cuatro cuadrantes son:

1. El cuadrante basal izquierdo. Se encuentra en la parte posterior izquierda del cerebro. Sus fortalezas son los detalles, el orden, la secuencia, los procedimientos, el rigor y la fiabilidad; se trata de personas buenas para la administración, la contabilidad, el control de calidad o cualquier tarea que requiera precisión y constancia.

2. El cuadrante basal derecho. Se encuentra en la parte posterior derecha del cerebro. Sus fortalezas son la sensibilidad interpersonal, la armonía, la empatía, el cuidado, el escuchar, el apoyo y construcción de vínculos, lo que se traduce en aportes clave en áreas como enseñanza, el acompañamiento y el cuidado de los demás, la mediación y la construcción de comunidades.

Ambos «basales» sostienen la vida social cotidiana: uno cuida los sistemas y procedimientos, el otro cuida a las personas y los climas relacionales.

3. En el cuadrante frontal izquierdo domina el pensamiento analítico. Es fuerte en la lógica, la objetividad. Se enfoca en los resultados, la planificación estratégica, le encanta la toma de decisiones; rasgos muy valorados en la dirección, la gestión, el análisis de datos, ingeniería y emprendimientos.

4. El cuadrante frontal derecho, en cambio, se asocia al pensamiento intuitivo-creativo, la visión global. Son buenos para la imaginación, la innovación, el diseño de nuevas posibilidades y gusto por el cambio; rasgos que nutren el arte, la creatividad empresarial, la innovación social y la resolución original de problemas complejos.

Para Benziger (2000), una sociedad sana necesita la contribución equilibrada de los cuatro cuadrantes y estructuras (educativas, laborales, comunitarias) que permitan a cada persona servir desde su dominancia sin penalizar ni sobreexplotar estilos que no son naturales.

Lo cierto es que un poco de conocimiento de este material abre mucho el mundo de la comunicación y la comprensión, pues nos relacionamos a partir de nuestras dominancias de pensamiento con un lenguaje que de manera innata desarrollamos. Y sí, sí es posible aprender a comprender las otras diversas formas de pensamiento que tenemos en nuestras familias.

Los 5 lenguajes del amor es un material muy diferente a Benziger, pero igualmente valioso para enriquecer nuestra manera de relacionarnos con los demás. Aquí el postulado tiene que ver con cómo recibimos y damos amor; su autor es el Dr. Gary Chapman (2017), un consejero matrimonial y escritor estadounidense conocido por su trabajo en las relaciones de pareja.

Él propone que las personas expresan y reciben amor de formas diferentes, como si hablaran distintos idiomas emocionales, y que el malentendido de estos genera conflictos en las relaciones. Identifica cinco lenguajes principales:

1. Palabras de afirmación. En este lenguaje la persona expresa y recibe el aprecio mediante elogios, cumplidos sinceros, aliento y palabras de cariño verbal o escrito, que construyen autoestima y seguridad emocional en quien lo valora.

2. Tiempo de calidad. Implica dar y recibir atención, nos enfocamos solo en el otro y no le damos la atención a otras actividades, se disfrutan las conversaciones profundas y hacemos actividades compartidas sin distracciones, fortaleciendo la conexión a través de la presencia auténtica.

Estos dos lenguajes destacan la comunicación verbal y relacional como la base para sentirnos amados.

3. Regalos. No piense el lector que se trata de personas materialistas. En este lenguaje, el recibir regalos simboliza cuidado y pensamiento hacia el otro mediante obsequios significativos, no necesariamente costosos, que representan sacrificio y atención personal.

4. Actos de servicio. Este lenguaje involucra acciones prácticas que alivian cargas, como cocinar o ayudar en tareas, demostrando amor a través del esfuerzo voluntario. Es hacer cosas para el otro.

5. Contacto físico. Se trata de contacto físico a través de abrazos, besos y caricias que transmiten seguridad y afecto mediante el tacto.

El Dr. Chapman (2017) recomienda descubrir el lenguaje dominante propio y del otro mediante observación y pruebas para expresar amor de manera efectiva y prevenir el resentimiento. Todos tenemos un lenguaje primario de amor y nos sentimos valorados en la medida que recibimos el aprecio de los demás en nuestro lenguaje. Cuando leí de este material siendo adulta logré valorar más a mi madre y mi honra por ella creció. Toda madre ama a sus hijos, solo que la mía me quería con actos de servicio. Ella amaba hacer cosas para nosotros, y yo amaba que pasara tiempo conmigo. Este material me ayudó mucho a comprender su lenguaje. De igual manera, ella a veces sentía que yo no la honraba, pero yo sí la valoraba y le tenía cariño. Simplemente hablábamos lenguajes distintos, además de cuadrantes cerebrales muy diversos. La brecha se acortó mucho cuando supimos reconocer nuestras diferencias.

Finalmente, quiero referirme al trabajo de Tony Reinke (2017), quien analiza cómo los dispositivos electrónicos transforman nuestra vida diaria de manera profunda y a menudo perjudicial, pues inducen a la adicción a las distracciones, al deseo descontrolado por la aprobación inmediata y al aislamiento emocional, entre otros. Reinke (2017) no aboga por abandonar la tecnología, sino por usarla intencionalmente para glorificar a Dios, evitando la trampa de perder la conexión emocional real, algo muy común gracias a las redes sociales.

Reinke (2017) habla de promover hábitos saludables como establecer límites de tiempo para las redes sociales, priorizar la lectura profunda en vez de estar con el teléfono deslizando la pantalla hacia abajo interminablemente y buscar intencionalmente las relaciones cara a cara. En general, como sociedad hemos perdido el contacto visual, y eso se traduce a que perdemos vínculo social y emocional real, condenándonos a conexiones superficiales y al aislamiento, lo cual hace más fácil que ignoremos al otro y sus necesidades.

Desde nuestro tema, el efecto negativo de los celulares es tierra fértil para que los hijos adultos abandonen a sus padres y sean seriamente negligentes en cuidarlos.

He mencionado tan solo tres materiales de información valiosos y que deberían ser leídos en miras a una paternidad y maternidad más completas. No nacemos aprendidos. Ser padres implica aprender sobre crianza, algo básico de alimentación, técnicas para el aprendizaje, límites, finanzas, comunicación y mucho sobre el diálogo. Podemos construir juntamente con nuestros hijos espacios seguros de comprensión y de amor sólido.

Recuerdo una ocasión con mi hijo adolescente darme cuenta de que yo no lograba comprender su punto de vista. Con mucho amor le pedí que me ayudara a comprenderlo. Le dije claramente: «Ayúdame a entender, ¿por qué dices esto?». Pasamos largo tiempo hasta estar seguros de que se sintiera comprendido. Recuerdo que fui honesta y le dije que a veces no vamos a necesariamente pensar igual, pero que le prometía siempre esforzarme por entenderlo y que yo quería que él tuviera en mí alguien en quien pudiera confiar sus sentimientos. A lo largo de los años he procurado cumplir mi promesa; no sé qué tan bien me ha ido, pero confío en Dios que me ayuda a escuchar y sembrar en mi hijo la honra para con el prójimo y para conmigo. De esta manera tendrá larga vida y le irá bien.

Conclusión

El Señor liberó a su pueblo de Egipto y le concedió una ley buena que les ayudara a construir una sociedad más equitativa. Uno de esos mandamientos es el honrar a padre y madre. La honra tiene que ver con apreciar a la persona, valorarla y respetarla. Cuando somos niños, la obediencia que les tengamos va a moldear nuestra percepción y respeto por las autoridades. Conforme crecemos, honrarles no significa negar nuestra identidad para ser y hacer todo lo que ellos dicen.

Honrar a padre y madre se aprende en el hogar, con padres imperfectos que saben expresar aceptación por sus hijos y que cultivan un diálogo abierto y sincero lleno de amor. Se trata de un amor que modelamos porque cuidar de los hijos es una tarea diaria que les permite luego cuidar a sus padres.

Finalmente, ver a los padres partir no es fácil y darles una sepultura digna es un don de Dios. Tal vez la mejor manera de despedirlos es haberlos honrado en vida teniéndoles siempre en alta estima y cuidando de ellos. Luego de que hayan partido, nos queda vivir de tal manera que honremos su memoria.

Referencias

Andiñach, P. R. (2008). Libro de Éxodo. Comentario para exégesis y traducción. Sociedades Bíblicas Unidas.

Benziger, K. (2000). Maximizando. La efectividad del potencial humano: Estrategias a dos manos, cuatro cerebros. KBA Human Resource Technology Company.

Benziger, K. (s. f.). My Benziger. https://www.mybenziger.com

Breneman, M. (1996). La voluntad de Dios para la vida diaria. Los Diez Mandamientos en el mundo actual. Kairós.

Biblia Hebraica Stuttgartensia (K. Elliger y W. Rudolph, eds.). (1997). Deutsche Bibelgesellschaft; Olive Tree Bible Software. (Trabajo original publicado en 1977).

Catolicidad. (14 de julio de 2010). Comentarios de santo Tomás de Aquino al cuarto mandamiento de la ley de Dios. http://www.catolicidad.com/2010/07/comentarios-de-santo-tomas-de-aquino-al.html

Chapman, G. (2017). Los 5 lenguajes del amor. Unilit.

DeGroat, C. (2017). Cuando el abuso espiritual entra en la Iglesia. Sanando comunidades heridas por la manipulación emocional y el narcisismo. CLIE.

Hartley, J. E. (1992). World Biblical Commentary 4. Leviticus. Word Books.

Nueva Biblia de las Américas. (2020). The Lockman Foundation; Olive Tree Bible Software.

Perkins, B. (2025). Morir con cero. Sácale todo el provecho a tu dinero y a tu vida (6.ª ed.). Ediciones Obelisco.

Porter, B. y Bountin, A. (2014). Remembering the Dead in the Ancient Near East: Recent Contributions from Bioarchaeology and Mortuary Archaeology [El recuerdo de los difuntos en el Antiguo Oriente Próximo: Aportaciones recientes de la bioarqueología y la arqueología funeraria, 2.ª ed.]. Press of Colorado. https://doi.org/10.5876/9781607323259

Reinke, T. (2017). 12 ways your phone is changing you [12 maneras en que tu cellular te está cambiando]. Crossway Books.

Santos, D. (2022). Éxodo. En R. Padilla, M. Acosta y R. Velloso (eds.), Comentario Bíblico Contemporáneo (pp. 115–145). Mundo Hispano.

Walton, J. (2018). Ancient Near Eastern Thought and the Old Testament. Introducing the Conceptual World of the Hebrew Bible [El pensamiento del Antiguo Oriente Próximo y el Antiguo Testamento. Introducción al mundo conceptual de la Biblia hebrea]. Baker Academic.

Wright, C. J. H. (2004). Old Testament Ethics for the People of God [La ética del Antiguo Testamento para el pueblo de Dios]. IVP.

Derechos de autor © 2025 Sofía Quintanilla

Este texto está protegido por una licencia Creative Commons 4.0.

Usted es libre para compartir —copiar y redistribuir el material en cualquier medio o formato— y adaptar el documento —remezclar, transformar y crear a partir del material— para cualquier propósito, incluso para fines comerciales, siempre que cumpla la condición de:

Atribución: Usted debe dar crédito a la obra original de manera adecuada, proporcionar un enlace a la licencia, e indicar si se han realizado cambios. Puede hacerlo en cualquier forma razonable, pero no de forma tal que sugiera que tiene el apoyo del licenciante o lo recibe por el uso que hace de la obra.

Resumen de licencia - Texto completo de la licencia

Declaración de conflicto de intereses

El autor de este artículo declara que no tiene vínculos con actividades o relaciones que pudieran haber influido su juicio de forma inapropiada, como relaciones financieras, lazos familiares, relaciones personales o rivalidad académica.

Financiamiento

El autor no recibió financiamiento para escribir este artículo.