La escasez como fundamento de la economía
Scarcity as the Foundation of Economics
Žilvinas Šilėnas
Lietuvos laisvosios rinkos institutas (Instituto Lituano del Libre Mercado)
Vytautas Žukauskas
Lietuvos laisvosios rinkos institutas (Instituto Lituano del Libre Mercado)
Resumen: El artículo ofrece una mirada panorámica a la escasez (deficiencia) entendida como el más importante principio económico, un cambio en su comprensión dentro de la teoría económica. Según los autores, varios conceptos clave, como la propiedad y el valor, están fuertemente relacionados o incluso derivados de la escasez. Se distinguen los conceptos de escasez absoluta y relativa siguiendo a los economistas Thomas R. Malthus y Lionel Robbins. Se muestra cómo el economista Carl Menger, usando el criterio de escasez, fundamentó la posesión de bienes y el origen de la propiedad, y explicó la necesidad de la innovación. Finalmente, el artículo clasifica las acciones que las personas toman para responder a la escasez.
Palabras clave: escasez absoluta, escasez relativa, Thomas Malthus, Lionel Robbins, Carl Menger, propiedad, riqueza, innovación, valor.
Abstract: The article gives an overview of scarcity (deficiency) as the most important economic principle, the change of its understanding in economic theory. The impact of this principle to modern economic thought is analyzed. According to the authors, several key concepts, such as property and value, are strongly related or even derived from scarcity. Following the economists Thomas R. Malthus and Lionel Robbins, absolute and relative scarcity are distinguished. It is shown how economist Carl Menger, using criteria of scarcity, grounded ownership and origin of property, explained the need for innovation. Finally, the article classifies the actions people take to respond to scarcity.
Keywords: absolute scarcity, relative scarcity, Thomas Malthus, Lionel Robbins, Carl Menger, property, wealth, innovation, value.
La escasez natural de los medios de subsistencia hace que todo ser vivo considere a sus congéneres como mortales enemigos en lucha por la existencia y se desencadene una despiadada competencia biológica. Pero en el caso del hombre estos irreconciliables conflictos se resuelven pacíficamente en cuanto la división del trabajo reemplaza entre los individuos, las familias, las tribus y las naciones… A la inversa, cooperan entre sí por conseguir objetivos comunes.
(Mises 1949/2011, p. 786)
Nociones de escasez
Historia del concepto de escasez. Una breve panorámica
Es indudable que el término «escasez» fue usado por primera vez hace mucho tiempo. En algunos casos, «escasez» tiene un sentido más profundo, mientras que en otros simplemente significa «falta de algo». Este artículo discute la importancia de la escasez en el pensamiento económico, así que es instructivo examinar qué economistas fueron los primeros en usar el término y qué querían decir con este. Al contrastar el uso del término «escasez» de Malthus (y sus contemporáneos) con el de Menger, podemos ver dos espectros diferentes del significado de escasez.
Aunque Thomas Robert Malthus no fue el primero en reconocer la escasez, a él se le atribuye que la economía se ganase el término de «ciencia deprimente»1. La fuente del desaliento de Malthus es la simple noción de que los bienes físicos son en último término limitados, como explica el propio Malthus en Un ensayo sobre el principio de población en 1798. Tarde o temprano, aseveraba, la población humana incrementará a tal punto que la tierra no podrá proveer suficiente comida para ella. Esto resultará en hambruna. Según Malthus (1798/1993), «el crecimiento de la especie humana únicamente podrá mantenerse nivelado al aumento de los medios de subsistencia mediante la constante acción de la poderosa ley de necesidad refrenando el impulso de la mayor de estas fuerzas» (p. 60). Él consideraba que el fuerte impulso a reproducirse y el débil crecimiento de la producción alimenticia llevarían inevitablemente a una situación en donde la escasez y la hambruna prevalecerían.
Para dar crédito a Malthus, él comprendió que la escasez de bienes físicos tiene un impacto fundamental en la existencia humana. Al mismo tiempo, la interpretación de Malthus sobre la escasez es similar a la de sus contemporáneos. Consideremos a Cantillon y su Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general:
No me propongo explicar las razones que movieron a los ministros a disminuir repentinamente las acuñaciones, ni las que les llevaron a engañosos cálculos en el proyecto de aumento del año 1726. Si he hablado de los aumentos y disminuciones en Francia es porque los efectos que de ellas resultan parecen contradecir los principios por mí establecidos, conforme a los cuales la abundancia o la escasez de dinero, en un Estado, eleva o abate proporcionalmente los precios de todas las cosas [sic]. (Cantillon y Murphy, 1755/1950, p. 107).
Hay que notar que Cantillon suena muy moderno, pues él parece estar ponderando los efectos de la oferta monetaria sobre el precio (por supuesto, las personas estaban muy familiarizadas con los efectos de la devaluación de la moneda).
Adam Smith frecuentemente empleó la palabra «escasez» en su obra seminal. En algunas instancias, con esta simplemente se refiere a «tiempos flacos»: «Durante ese breve lapso su única consecuencia debió ser la elevación del precio en el mercado local, porque estimuló la exportación de la producción excedente en cada año e impidió así que la abundancia de un año compensase la escasez de otro» (Smith, 1776/1996, p. 272). En otros casos, por «escasez» Smith claramente se refiere a la falta de un producto particular. «Las elevadas rentas actuales de las tierras cercadas en Escocia se derivan de la escasez de cercados, y no perdurarán probablemente en la medida en que no lo haga dicha escasez» (Smith, 1776/1996, p. 219). O «Al principio, entonces, siempre hay un exceso de estos materiales que con frecuencia tienen por esa razón un valor escaso o nulo; y después existe a menudo una escasez que necesariamente aumenta su valor» (Smith, 1776/1996, p. 233).
Smith claramente reconoce que la escasez tiene un efecto en el precio de ciertos bienes (aunque lo ve de modo limitado). Pero en estas (y otras) instancias él clasifica la escasez como la falta de bienes materiales específicos, o incluso como un mecanismo para explicar la lógica económica. La escasez puede influenciar el precio, pero no es la fuente de este.
Parece entonces que Malthus y sus contemporáneos hablan de la escasez como la «falta de cosas». Malthus está hablando de la escasez de específicos bienes o factores, más que la finitud de los recursos en sí misma. En Un ensayo sobre el principio de población, Malthus usa la palabra «escasez» casi una centena de veces. Todas estas instancias pueden ser divididas en tres grandes categorías: primero, una falta de bienes materiales (p. ej., patatas) o incluso gente (p. ej., falta de mujeres); segundo, tiempos de penuria económica; y tercero, la palabra «escasez» es usada para denotar la «falta de» en general.
En dos de cada tres casos en que la palabra «escasez» es usada, claramente denota la falta de algo o un período de tiempo en el que los bienes materiales (usualmente comida) son insuficientes.
La idea de Malthus, que básicamente significa que los recursos naturales esenciales tienen un límite físico finito, está reforzada por otros (Baumgärtner et al., 2006).
En contraste, Carl Menger está acreditado por algunos académicos como el economista que reconoció la importancia fundamental de la escasez. Es reconocido por haber identificado correctamente que la escasez es la fuente de la propiedad (en lugar de ser un resultado de la propiedad) y de distinguir entre bienes económicos y no económicos basado en el criterio de escasez.
Y, por supuesto, Menger no fue el primero en identificar que la escasez era importante:
Los economistas han reconocido, al menos hasta cierto punto, el rol que el factor de escasez juega en los fenómenos económicos. Los fisiócratas han excluido de su asunto los «bienes gratuitos» (como el aire) porque, siendo abundantes, no eran objetos de intercambio . . . la mayoría de los economistas clásicos tuvieron éxito, de un modo u otro, en excluir del campo de la ciencia de la «riqueza» aquellos bienes cuya oferta era irrestricta. En el uso clásico de la «ley de oferta y demanda», lo que era relevante era la escasez de la oferta (Kirzner, 1960/1976).
Pero, según Kirzner, Menger fue una figura central al conectar la escasez con el comportamiento humano de economizar:
Un entendimiento claro del carácter fundamental de la escasez como una condición de la acción humana comenzó con el trabajo de Carl Menger. Menger todavía consideraba que la economía concernía esencialmente a los bienes, pero su definición de «bienes económicos» y de «economizar» colocó la condición de escasez en primera línea. (Kirzner, 1960/1976).
De modo similar, en su introducción a los Principios de economía de Menger, Hayek expresa esta idea:
No es tarea fácil imaginarse hoy que Menger haya sido el primer autor que basó la distinción entre bienes libres y bienes económicos en el concepto de la escasez. Como él mismo dice, todos los autores alemanes que ya habían utilizado estos conceptos con anterioridad —y muy concretamente Hermann– intentaron explicar la diferencia por la presencia o ausencia de costes, en el sentido de esfuerzo, mientras que la literatura inglesa ni siquiera conocía esta expresión. Es un hecho muy característico que en la obra de Menger no figure ni una sola vez la sencilla palabra de «escasez», aunque fundamentó todo su análisis en esta idea. «Cantidad insuficiente» o «relación económica de las cantidades» son las equivalencias más exactas y aproximadas —aunque ciertamente mucho más pesadas– utilizadas en sus escritos. (Menger, 1871/1997, p. 10)
En otras palabras, parecería que antes de Menger, la escasez era una característica de los bienes económicos (p. ej., basado en la falta de bienes [p. ej., hay bienes, y a algunos de esos bienes a veces son escasos]). Con Menger, esta idea se invierte. Es la escasez la que determina si un bien es un bien económico. Lo que esto permitió fue pensar en la escasez en abstracto, la escasez en general.
Esto posibilitó la determinación de las fuentes de valor y allanó el camino del valor subjetivo y otros importantes aspectos de lo que luego se desarrolló como una escuela de pensamiento económico entera, conocida como la escuela austriaca de economía. Observa la precisión y elegancia del pensamiento de Böhm-Bawerk al explicar la fuente del valor:
Todos los bienes tienen utilidad, pero no todos los bienes tienen valor. Para que haya valor, la utilidad tienen que ir unida a la escasez. No escasez absoluta sino relativa a la demanda que pesa sobre el bien en cuestión. Para ser más exactos, los bienes adquieren valor cuando la oferta disponible de ellos es insuficiente para cubrir las demandas que pesan sobre esos bienes o están tan próximos a la insuficiencia que la retirada de los bienes a valorar produce la insuficiencia de la oferta. (von Böhm-Bawerk, 1889/1998, p. 239)
Esta breve indagación nos permite identificar algunas ideas en relación a la escasez. En su sentido más simple es nada más que la falta de cosas. Sin embargo, el concepto de escasez ha evolucionado. En su sentido más profundo la escasez es el elemento fundamental para la comprensión económica. Delinearemos esta noción en los siguientes capítulos.
Escasez absoluta y escasez relativa
Otra importante distinción en relación a la escasez es la diferencia entre escasez absoluta y escasez relativa. La escasez absoluta y relativa fueron descritas por Thomas Robert Malthus y Lionel Robbins, respectivamente (Daoud, 2010, p. 1207).
Así como la escasez era importante para Malthus, Menger y sus contemporáneos, la discusión sobre los conceptos de escasez económica continuaron. En la segunda mitad del siglo XX, Daly (1977/1991, p. 39) fue el primero en introducir la noción de escasez absoluta y de distinguirla de la noción de escasez relativa. Más tarde, esta distinción fue usada también por otros autores (p. ej., E. B. Barbier [1989]; Underwood y King [1989]; E. Barbier, Burgess y Folke [1994]; y Sahu y Nayak [1994]) en los campos de la economía ecológica.
En versiones contemporáneas de escasez absoluta (los acercamientos neomalthusianos), el análisis no está restringido solamente a la comida sino otros bienes también. Por ejemplo, la limitación última a recursos comunes (Hardin, 1968), la capacidad de carga de la naturaleza (Meadows, 1972), y la disponibilidad de recursos de baja entropía (Georgescu y Roegen, 1971). Temores respecto del crecimiento poblacional en los años 70 condujo al limitado resurgimiento de algunas ideas que podían rastrearse hasta Malthus, o, más precisamente, a la idea de que la tierra como un todo tiene una limitada capacidad de carga que podía ser sobrepasada por el crecimiento poblacional.
La economía neoclásica ofreció una noción diferente de escasez, que no significaba específicamente una generalizada escasez de recursos naturales. El foco estaba puesto más en los deseos y preferencias subjetivas humanas. Walras (1926/1954) llamó escasos a los bienes económicos si son «capaces de satisfacer una necesidad y no existen en suficientes cantidades de modo que cada uno de nosotros lo encuentre a mano, capaz de satisfacer completamente sus deseos» (p. 65).
Este cambio de una escasez generalizada a una escasez en conexión con los deseos humanos tomó lugar hasta en la segunda mitad del siglo XIX. Esto ocurrió cuando la dependencia de la humanidad a la naturaleza cambió hacia la concepción de que la riqueza proviene de un intercambio de bienes que producen commodities (Baumgärtner et al., 2006).
El antedicho concepto de escasez relativa puede hallarse en una de las mejores definiciones conocidas de la ciencia económica, formulada por Lionel Robbins en su Ensayo sobre la naturaleza y significado de la ciencia económica (1932). Él definió la economía como «una ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos» (p. 15).
Según este punto de vista, la escasez no es solo una inevitable realidad de la vida, es el cimiento para la definición de la economía. En economía, las condiciones de la existencia humana tienen tres características fundamentales (Robbins, 1932, p. 12): primero, la gente tiene varios fines subjetivos, objetivos en su conducta; segundo, el tiempo y los medios para alcanzar estos fines son siempre limitados, escasos, de modo que nunca es posible realizar todos los fines que la gente desea; y tercero, la elección humana es un factor, dado que los bienes económicos tienen aplicaciones alternativas. Lionel Robbins describe esta situación en un modo poético:
Aquí estamos, criaturas sensibles con un fardo de deseos y aspiraciones, con masas de tendencias instintivas urgiéndonos a tomar diferentes caminos de acción. Pero el tiempo en que estas tendencias pueden expresarse es limitado. El mundo externo no ofrece todas las oportunidades para su completa realización. La vida es corta. La naturaleza es tacaña. Nuestros compañeros tienen otros objetivos. Aun así, podemos usar nuestras vidas para hacer cosas diferentes, nuestros recursos y los servicios de otros para alcanzar diferentes objetivos. (Robbins, 1932, p. 13)
La clave para entender la noción de escasez relativa es comprender que los bienes escasos tienen costos de oportunidad (Baumgärtner et al., 2006; Debreu, 1959, p. 33). Para obtener una unidad adicional de cierto bien uno debe renunciar a otra cosa, sea alguna cantidad de otro bien, sea la oportunidad de hacer alguna cosa (Baumgärtner et al., 2006). Aquí es de donde procede la definición de escasez relativa: un bien es siempre escaso en relación a otros bienes escasos.
El problema básico es cómo distribuir recursos limitados de un modo que mejor convenga a las necesidades humanas. La escasez relativa describe situaciones en donde hay recursos limitados en consideración y que tienen diferentes usos alternativos.
Cuando el tiempo y los medios para alcanzar los fines están limitados y son proclives a ser distinguidos en orden de importancia, el comportamiento necesariamente asume la forma de elección. Cada acto que supone tiempo y recursos escasos para la realización de un fin implica la renuncia de su uso para la realización de otro fin. Tiene un aspecto económico. (Robbins, 1932, p. 14)
La noción de escasez relativa reconoce que cualquier elección humana entre diferentes usos para su limitado tiempo y recursos tiene un aspecto económico. Estas elecciones requieren economizar. De modo que una noción relativa de escasez se apoya sobre el supuesto de que hay alternativas a la aplicación de los medios y las preferencias subjetivas de las personas sobre los fines.
Por lo tanto, desde el punto de vista de la escasez relativa, la escasez en economía no es una cualidad «absoluta». La economía solo trata del tipo de escasez que está relacionada a las alternativas en la aplicación de medios escasos y que es importante para los fines humanos.
La escasez siempre está relacionada a la demanda y a los propósitos del hombre (Robbins, 1932, p. 45). Técnicamente, hay cantidades limitadas de todas las formas de sustancias materiales en la tierra. Pero es importante resaltar que solo la escasez que limita la consecución de propósitos humanos subjetivos puede explicar el comportamiento económico de las personas. Por tanto, solo esos bienes o medios tienen un valor económico que está conectado con esos fines. De ahí se sigue que generalmente no hay escasez de aire, que es en la mayoría de las circunstancias un elemento abundante. No hay escasez de algo que no se considera deseable; por ejemplo, malos huevos. «No hay calidad en cosas que, removidas de su relación a los hombres, pueden hacerse bienes económicos» (Robbins, 1932, p. 45).
Es significativo el señalamiento de Robbins (1932, p. 13) de que la multiplicidad de fines en sí mismo no supone un problema económico. Puede haber casos en los que un actor tiene solo unos pocos fines, y tenga el tiempo y los recursos para satisfacerlos todos. Ahora bien, esa situación es improbable puesto que los hombres tienden a tener numerosos fines de variable importancia, pero si podemos concebir una situación en donde la satisfacción del fin de un actor no está restringida por la escasez de los medios, su situación no supone ninguna cuestión económica.
Si yo deseo hacer dos cosas, y tengo amplitud de tiempo y amplitud de medios con los cuales ejecutarlas, y no deseo tiempo ni recursos para nada más, entonces mi conducta no asume ninguna de esas formas que son sujeto de la ciencia económica. El nirvana no es necesariamente una simple brisa. Es meramente la completa satisfacción de todos los requisitos. (Robbins, 1932, p. 13)
La mera limitación de medios en sí mismos tampoco supone dilemas económicos. Puede darse el caso en el que un bien económico particular es limitado y escaso, pero si no puede ser dispuesto para usos alternativos o si no hay decisiones qué tomar al respecto, entonces no puede tener lugar ningún proceso de economización. La lluvia puede ser un bien escaso, pero si no hay manera de controlarla y no hay ningún uso alternativo para ella en un campo de cultivo, entonces no tiene ningún aspecto económico.
Si pudiéramos pensar en una situación, aunque sea poco realista, en la que no hay alternativas a cómo emplear recursos escasos (tierra, capital, trabajo) porque solamente un tipo de bien puede producirse usando solamente una posible combinación de recursos, esta situación no supondría ningún problema económico. La ausencia de alternativas significaría que no hay escasez relativa y, por tanto, no habría ningún problema económico.
Entonces, el comportamiento humano, que tiene que ver con la satisfacción de fines humanos usando medios escasos que tienen usos alternativos, ofrece la posibilidad de elección y tiene un aspecto económico. «La economía es la ciencia que estudia el comportamiento humano en relación a los fines y los medios escasos que tienen usos alternativos» (Robbins, 1932, p. 15).
Es imposible eliminar la escasez relativa completamente, porque es imposible concebir una situación en donde el ser humano no se enfrente a la decisión de tomar acción o no tomar acción alguna. Cualquier decisión de actuar o de no actuar implica haber hecho una elección entre alternativas relacionadas a la escasez. Si no de recursos materiales, pues de tiempo, que siempre es limitado y escaso. Uno jamás podría hacer todo lo que desea al mismo tiempo aun cuando tuviese todos los recursos materiales para satisfacer esos anhelos.
En esta quizá larga introducción hemos establecido algunas importantes definiciones respecto de la escasez. Primero, no usamos el concepto de escasez desde una noción simplista, p. ej., la falta de algo. Segundo, nos concentramos en escasez relativa en lugar de una escasez absoluta.
Importancia de la escasez para la economía
Las siguientes secciones continúan analizando la importancia de la escasez relativa para el desarrollo de la economía. La escasez relativa reposa en el corazón de conceptos económicos clave como el costo de oportunidad y el precio. Si no hubiera escasez, o, más precisamente, si cada hombre tuviera suficientes bienes y tiempo, no habría necesidad de elección, ni de costos de oportunidad o de precios. Sin escasez los fundamentos del pensamiento económico moderno no existirían. Esta sección demostrará que la escasez es un elemento muy importante en muchos conceptos económicos fundamentales.
Escasez y la naturaleza de la ciencia económica
Una profundización en el concepto de escasez ha jugado un importante rol en consideraciones sobre la naturaleza de la economía y su significado. Lionel Robbins argumentó contra la noción de lo que él denominó una definición materialista de la economía, según la cual la economía es el estudio de las causas del bienestar material. Según Robbins, esta definición es indefendible por varias razones, una de ellas siendo que es imposible distinguir entre bienestar material y no material. Esta definición no refleja el propósito de la economía. Rothbard (1962/2009) explica el problema de intentar diferenciar entre riqueza material y no material:
La economía, por tanto, no es una ciencia que trate particularmente de «bienes materiales» o «riqueza material». Trata en general de las acciones de los hombres para satisfacer sus deseos y, específicamente, del proceso de intercambio de bienes como medios para que cada individuo «produzca» la satisfacción de sus deseos. Estos bienes pueden ser commodities tangibles o pueden ser servicios personales intangibles. Los principios de oferta y demanda, de determinación de precios, son exactamente los mismos para cualquier tipo de bien, sea que esté en una categoría o en otra. (p. 162)
Robbins propuso otra definición, que la economía es la ciencia que estudia el comportamiento humano como la relación entre los fines y los medios escasos que tienen usos alternativos. Esta definición niega el error común de que el objeto de la economía es el bienestar material de los seres humanos y de que el propósito de la ciencia económica es explicar cómo se crea ese bienestar material. Hasta cierto punto es verdad que la economía explica los mecanismos por los cuales surge el bienestar de los hombres, pero el objeto de la economía no es en sí mismo el bienestar material. Cualquier elección humana relacionada a actividades materiales o espirituales que supongan el uso de medios escasos es objeto de la economía.
Hay todavía otra diferencia entre la definición materialista de la economía como el estudio de las causas del bienestar material y la definición de la economía fundada en la escasez. La primera trata a la escasez como algo que debe superarse con el incremento del bienestar material, y a la ciencia económica como el medio para hallar el camino para lograrlo. La segunda definición mira a la escasez como un fenómeno natural, una condición ineludible del ser humano. Reconoce que «la escasez de medios para satisfacer fines dados es casi una omnipresente condición del comportamiento humano» (Robbins, 1932, p. 15). El propósito de la economía, según esta definición, es tratar de explicar el comportamiento humano bajo las condiciones de escasez.
El significado de la economía en el ámbito de la escasez y la elección humana es que las leyes económicas son capaces de explicar los resultados de las elecciones de la gente y de las políticas públicas. La economía no puede determinar si los fines que las personas persiguen son los correctos, pero explica las leyes que gobiernan las acciones humanas y puede explicar la conexión entre dichas acciones y sus resultados. Como lo expone Lionel Robbins (1932):
Y es justamente aquí que la economía adquiere su significado práctico. Puede clarificarnos las implicaciones de los diferentes fines que nos propongamos. Hace posible para nosotros desear algo con el conocimiento de qué es lo que estamos deseando. Hace posible para nosotros seleccionar un sistema de fines que sean mutuamente consistentes entre sí. (p. 136)
Las leyes económicas pueden explicar qué elecciones deberían hacerse individualmente o en el nivel de las políticas públicas para alcanzar un estado de las cosas más satisfactorio, como sea que uno defina tal estado «más satisfactorio». Entender las leyes económicas como el resultado de estudiar las interrelaciones entre fines humanos y la escasez de medios puede guiar a las decisiones individuales y a las políticas públicas en una dirección en la que los resultados no se alejan de los objetivos. Por tanto, entender estas leyes económicas permite a la gente entender el largo alcance de las implicaciones de posibilidades alternativas en las políticas económicas. No remueve las limitaciones de la escasez, sino que permite actuar consistentemente dentro de esas limitaciones (Robbins, 1932, p. 140).
La escasez es imposible de abolir
Habiendo establecido que nos estamos concentrando en un más amplio concepto de escasez relativa, hemos de entender que es esencialmente imposible abolir tal escasez. No solo carecemos de cosas en el mundo real, sino incluso si tales cosas estuvieran disponibles en cantidades mayores podríamos carecer de ellas y experimentar escasez. Para ponerlo en términos simples, aun si encontramos la manera de superar esa simplista escasez absoluta (que es siempre una tarea difícil, como lo evidencia el hecho de que la pobreza absoluta todavía existe), todavía podríamos experimentar una escasez relativa.
Más aún, dado que los deseos humanos son ilimitados, jamás podríamos tener experiencia de un mundo en el que escasez no exista. Como lo dice Menger (1871/1997):
Otra circunstancia que también debe tenerse en cuenta es la capacidad de desarrollo de las necesidades humanas. Si estas necesidades pueden crecer y, como a veces se observa, pueden hacerlo hasta el infinito, podría parecer que los límites de las cantidades requeridas para su satisfacción se amplían sin cesar y hasta que alcanzan amplitudes totalmente indeterminadas y que, por consiguiente, es de todo punto imposible que el hombre consiga una previsión que cubra la totalidad de sus necesidades. (p. 59)
En otras palabras, aun si pudiéramos incrementar la cantidad de bienes disponibles, es muy posible que las necesidades incrementarían todavía más, y la cantidad de bienes disponibles sería todavía menor a la cantidad de bienes deseados por los individuos.
Asimismo, Menger (1976) nos recuerda que incluso bienes disponibles en grandes cantidades son escasos, porque «ninguna parte de la cantidad disponible, en ningún modo prácticamente significativo, puede perder sus propiedades de utilidad o ser removida del control humano sin causar que algunas necesidades humanas concretas . . . queden insatisfechas». También agrega que «los hombres se hacen conscientes . . . que bajo cualquier circunstancia una parte de sus necesidades va a permanecer insatisfecha» (p. 95). Esta es una ilustración más de que, cuando hablamos de bienes económicos, los hombres experimentan escasez, aun cuando los bienes son abundantes.
Escasez como prerrequisito para la acción humana
Los medios para alcanzar fines humanos son siempre limitados, pero si este no fuera el caso no habría siquiera acción humana alguna. Cuando el hombre no está limitado o restringido por la insuficiencia de las cosas, no hay necesidad alguna para la acción humana, de modo que la escasez puede también ser entendida como la fuerza para el éxito y la satisfacción. El hecho de que hay escasez permite a la gente actuar. La escasez señala la imperfección de nuestra vida, pero al mismo tiempo permite la acción y la elección —permite la existencia del hombre como lo conocemos—:
La acción es un despliegue de potencia y control limitados. Es una manifestación del hombre, cuyo poder está restringido por las limitaciones de su mente, por las exigencias fisiológicas de su cuerpo, por las realidades del medio en que opera y por la escasez de aquellos bienes de los que su bienestar depende . . . la mera posibilidad de mutación contradice la idea de absoluta perfección. Pero la ausencia de todo cambio —es decir, la absoluta inmutabilidad, rigidez e inmovilidad— implica la ausencia de vida. Vida y perfección son conceptos incompatibles entre sí; pero igualmente lo son los de perfección y muerte. (Mises, 1949/2011, p. 84)
Escasez como origen del costo de oportunidad
En sus Principios de economía, Menger revela el rol fundamental que juega la escasez en el costo de oportunidad. Como lo expresa Menger (1976), el número de cualquier bien comparado a los requerimientos de la gente es siempre o demasiado pequeño o demasiado grande (p. 94). Por supuesto, hay una posibilidad de que el número de bienes requeridos sea igual al número de bienes existente, pero Menger no desarrolla más esta idea.
Menger (1871/1997) desarrolla el hecho de que él no se refiere a artículos de lujo, «los vestidos más ordinarios, las viviendas y edificaciones más comunes, los alimentos más usuales. De ordinario, ni siquiera disponemos de tierra, piedras y ni aun de los más insignificantes desechos en tales cantidades que podamos utilizarlos despreocupadamente» (p. 71).
Menger, esencialmente, está desarrollando aquí el concepto de «costo de oportunidad» sin afirmarlo explícitamente. Este concepto será desarrollado más tarde por Friedrich von Wieser (aunque Wieser lo llamó costo alternativo). Ahora, conviene resaltar el trasfondo subjetivista en el texto de Menger. Cuando habla de la remoción o «empleo inapropiado» de un bien, Menger no lamenta la pérdida del bien en sí mismo, sino el hecho de que algunas necesidades quedarán insatisfechas.
Aquí podemos ver una profunda conexión entre el valor subjetivo y la escasez. Primero, todos los bienes que son escasos son bienes económicos. Segundo, todos los bienes económicos tienen algún tipo de valor porque algunas personas podrían encontrar algún uso para ellos; y si todos los bienes son usados para un cierto propósito, no pueden ser empleados para otro propósito.
Esto traza el terreno para desarrollar el valor subjetivo y el costo de oportunidad dentro de lo que la economía neoclásica usa como uno de los pilares del pensamiento económico. Aunque una discusión más profunda sobre la aceptación del valor subjetivo y la mediación del costo de oportunidad en la economía neoclásica predominante es un asunto que queda fuera del propósito de este artículo, es claro, al mismo tiempo, que el concepto de escasez, así como fue desarrollado por Menger, ha probado ser invaluable para el pensamiento económico moderno.
Escasez como fuente de la propiedad
Una de las más profundas reflexiones que conciernen a la escasez es que la escasez está fuertemente conectada con la propiedad; y, sin embargo, no de la manera en que la mayoría de las personas lo esperarían.
En sus ejemplos teoréticos, Menger presenta la posibilidad de que el requerimiento de bienes sea menor a las cantidades disponibles. En el marco teórico de Menger, tales bienes estarían fuera de la categoría de «bienes económicos». Para ser un «bien no económico», la cantidad disponible debe exceder a la demanda y los hombres deben estar seguros de que no experimentarán la falta de este bien en el futuro. En la práctica esto significa que el recurso es tan sobreabundante que nadie podría llegar a echarlo en falta.
Bajo estas condiciones, como lo pone Menger (1976), «los bienes no son ni objeto de la economía ni objetos del deseo humano para poseerlos» (p. 100). Esto revela el rol fundamental de la escasez en la propiedad. El establecimiento de la propiedad, según Menger, es la manera en que los hombres actúan de cara a la escasez. Esto contrasta fundamentalmente con la visión propuesta por Rousseau, en donde la propiedad, en términos generales, se presenta como el origen de la escasez y la desigualdad. En la visión de Menger, la causa es precisamente la opuesta; la propiedad es efecto de la escasez y no viceversa:
la propiedad, al igual que la economía humana, no es una invención caprichosa, sino más bien la única solución práctica posible del problema con que nos enfrenta la naturaleza misma de las cosas, es decir, la antes mencionada defectuosa relación entre necesidad y masa de bienes disponibles en el ámbito de los bienes económicos. (Menger, 1871/1997, p. 73)
Escasez como una causa de riqueza
Según Menger, la escasez, así como la define él, ocurre cuando el número de bienes es menor que la demanda de dicho bien por la gente. En este sentido, la riqueza es un medio de refugiarse uno mismo de la escasez presente o futura. Así como los individuos que buscan economizar están tomando acciones para asegurar las cantidades de bienes que necesitan, los mismos individuos también adquieren riqueza (en cualquier forma que ésta tenga).
Inversamente, la cantidad de riqueza que un individuo posee depende también de la escasez. Si la riqueza de un individuo está expresada, digamos, por una casa, la cantidad de riqueza que el individuo tiene dependerá de la escasez de casas en esa comunidad. Si un individuo ha almacenado riqueza como aluminio, y a causa de los avances tecnológicos el aluminio se volviese menos escaso, la riqueza de dicho individuo disminuiría.
Menger (1871/1997) lo presenta así: «en una sociedad en la que pudiera disponerse de todo tipo de bienes en cantidades siempre superiores a su necesidad no habría ni bienes económicos ni “riqueza”» (p. 85).
Una interpretación de esta idea sería que en una sociedad sin escasez no habría necesidad de riqueza ni riqueza per se. Verdaderamente, si no hubiera escasez, y usando nuevamente las casas como ejemplo, si todo el mundo tuviera tanto espacio habitable como uno lo necesitara (o como uno pudiera desear), poseer una casa (o muchas casas) no sería un signo de riqueza.
Por supuesto, hay otra manera de interpretar esta idea. Si no hubiera estímulo para crear riqueza, no se crearía ninguna riqueza.
Escasez como fuente de innovación
Según Menger, los hombres «economizan» para hacer frente a la escasez. En términos modernos, la economización puede explicarse a través de estas acciones.
Primero es ahorrar bienes (preservación de la cantidad) y conservar las propiedades útiles de las cosas. Como dice Menger (1871/1997), «los hombres . . . se esfuerzan por 1) mantener aquella cantidad parcial de los bienes de que disponen en la relación cuantitativa anteriormente existente, y 2) por conservar sus propiedades útiles» (p. 59)
Segundo es la elección, p. ej., decidir qué bienes satisfacer y a cuáles renunciar, para «hacer una elección entre las necesidades más importantes, que satisfacen con las cantidades de bienes de que disponen, y aquellas otras que tienen que resignarse a dejar insatisfechas» (Menger, 1871/1997, p. 59).
Tercero, los hombres luchan para hacer uso de los bienes eficientemente, «para obtener el mejor resultado posible con una cantidad de bien dada o un resultado concreto con la cantidad mínima posible».
En este marco, la existencia de la escasez es un prerrequisito para empezar a invertir en medios y métodos para obtener más recursos, usar recursos eficientemente, etc. Como lo dice el mismo Menger, si un poblado tiene tal superabundancia de agua que no podría esperarse que ningún hombre experimente escasez ahora o en el futuro, tres cosas dejarían de pasar. Primero, los hombres no entrarán en conductas de economización. Segundo, los hombres no invertirán recursos en la creación de bienes de más alto orden. Tercero, no se establecerán derechos de propiedad. Obviamente, las consecuencias pueden ser diferentes para diferentes bienes económicos, pero en general la escasez conduce al comportamiento economizador.
Falta de escasez como una fuente de comportamiento socialista
En un giro interesante, Menger observa que cuando hay superabundancia, las personas adoptan una postura socialista respecto de la propiedad, pues los hombres son comunistas cuando sea posible bajo condiciones naturales. Sin embargo, hemos de notar que el supuesto comunismo primitivo o «natural» resulta de un simple hecho, y es que donde un bien está disponible de manera sobreabundante deja de ser un bien económico.
Conducta humana bajo condiciones de escasez
No puede haber acción humana sin escasez; todas las acciones humanas están dirigidas al alivio de las insatisfacciones que manan de la escasez. Cada acción humana puede ser considerada como dirigida en vistas a un cambio. Cuando las personas actúan, están tratando de intercambiar un estado de las cosas menos satisfactorio por uno más satisfactorio. La acción humana, como anotamos anteriormente, está enfocada a la toma de decisiones en un entorno de escasez. Todas estas elecciones están dirigidas a tratar de alcanzar los fines subjetivos de la gente. La escasez es el incentivo de la persona para actuar.
Consideramos de contento y satisfacción aquel estado del ser humano que no induce ni puede inducir a la acción. El hombre, al actuar, aspira a sustituir un estado menos satisfactorio por otro mejor. La mente presenta al actor situaciones más gratas, que éste, mediante la acción, pretende alcanzar. Es siempre el malestar el incentivo que induce al individuo a actuar. El ser plenamente satisfecho carecería de motivo para variar de estado. Ya no tendría ni deseos ni anhelos; sería perfectamente feliz. Nada haría; simplemente viviría. (Mises, 1949/2011, p. 18)
En aras a entender la acción humana en el contexto de la escasez es instructivo clasificar la acción humana en categorías según criterios de relación con la naturaleza y otras personas, así como según la invasión o no-invasión de la acción. La importancia de estos criterios será aclarada en la subsiguiente explicación sobre estas diferentes clases de acción. La acción humana puede primero dividirse en dos categorías: acción en aislamiento y acción interpersonal (ver la tabla adjunta). Puesto que la acción interpersonal siempre involucra a otras personas, esta puede ser dividida entre acción invasiva y no invasiva. Las diferentes clases de acción y su relación con la escasez serán discutidas más adelante.
Tabla 1.
Clasificación de la acción humana

Acción en aislamiento (acción autística)
La acción en aislamiento (acción autística) consiste en cualquier intercambio que no involucre alguna forma de intercambio interpersonal de bienes y servicios. Ejemplos de acción en aislamiento podrían involucrar el uso básico de recursos naturales, p. ej., caza, recolección de alimentos como frutas, bayas, nueces, etc., para el consumo. La producción para el uso propio es también una acción autística. La actividad productiva para el propio uso significa que un actor usa su propio trabajo en varios procesos productivos. Su labor se dedica no solo a recolectar recursos de la naturaleza para su consumo sino también en cultivar la tierra, producir herramientas e instrumentos, y comprometerse en procesos productivos más largos. En este caso su labor es más productiva, puesto que supone la transformación de la naturaleza con el uso de herramientas y tecnología. Básicamente hay dos tipos de incrementar la producción de bienes de consumo: incrementar la oferta de factores de producción disponible o mejorar la tecnología (Rothbard, 1962/2009, p. 12). La producción los incluye a ambos.
Pero la producción para el propio uso es limitada porque está aislada y, por tanto, no ofrece ninguna oportunidad para la especialización, la división del trabajo o la producción para el intercambio. Además, la acción en aislamiento no puede ser invasiva, puesto que un solo actor está involucrado —la naturaleza, por definición, no puede ser un actor—.
Acción interpersonal
Cuando hay acción que involucra al menos a dos actores hay acción interpersonal. Las acciones interpersonales pueden ser invasivas y no invasivas.
Acción interpersonal invasiva. La violencia, la intervención o la acción invasiva es la introducción de una fuerza física agresiva o de una amenaza en las relaciones humanas y en la sociedad. Es la antípoda de las acciones voluntarias. Quien interviene es un individuo o grupo de individuos que inicia una intervención violenta en las acciones libres de la gente. Defensa personal es la única excepción en la que una acción violenta puede librarse de ser clasificada como agresión. La protección de la propia vida o de la propiedad no es agresión, aun cuando haga uso de la fuerza.
El intercambio obligatorio ocurre cuando solo uno de los dos actores está emitiendo una elección libre para participar en el intercambio. Cuando la otra parte está bajo amenaza de violencia para ser inducido al intercambio, claramente esta parte pierde por el intercambio (Rothbard, 1962/2009, p. 84). La violencia ocurre cuando alguien gana a expensas de otra persona, quien sufre una pérdida material o psíquica como resultado. De modo que la violencia como camino para alcanzar los propios fines también atañe la ganancia a expensas de otro.
Todas las acciones violentas e intervenciones pueden ser clasificadas dentro de tres categorías (Rothbard, 1962/2009).
Todas estas intervenciones involucran una relación hegemónica de mando y obediencia, en agudo contraste con el intercambio contractual voluntario con beneficio mutuo. Todos los tipos de intervenciones pueden ser entendidas como acciones a través de las cuales un actor trata de aliviar algún tipo de escasez. No obstante, en intervenciones binarias una parte trata de aliviar la escasez a expensas de otra parte.
En cualquier tipo de acción invasiva solo una parte se beneficia, la otra parte necesariamente pierde. Esta pérdida es la fuente de la improductividad de las acciones invasivas. Las acciones invasivas suponen la transferencia de bienes de una parte a otra. No implican ningún acto de creación.
Acción interpersonal no invasiva. Las acciones interpersonales no invasivas son las que ocurren cuando ambos actores involucrados en la interacción lo hacen voluntariamente. La mayor forma de interacción voluntaria es el intercambio interpersonal. El intercambio es inmensamente importante para el desarrollo de la productividad y del sistema económico.
La condición para que el intercambio voluntario ocurra es la valoración inversa de los bienes. Cada parte tiene que valorar más el bien que es ganado a través del intercambio que el bien al que se renuncia. Además, ambas partes deben conocer la existencia del otro en aras a involucrarse en un intercambio.
Todo lo que puede ser dicho a priori acerca del valor de las elecciones y acciones humanas es que, si son hechas voluntariamente, estarán dirigidas hacia la mejora de la situación de quienes están eligiendo involucrarse en dicha acción. En un intercambio voluntario ambas partes se benefician, están recibiendo algo que valoran más y renunciando a algo que valoran menos. Cualquier acción o intercambio involuntario está dañando a priori al menos a alguna de las partes. La esencia del intercambio voluntario es que ambos actores actúan porque esperan que la acción les beneficiará; de otro modo, no habrían accedido al intercambio (Rothbard, 1962/2009, p. 85).
La existencia del intercambio voluntario en el mercado permite que cualquier bien pueda obtener un valor mayor, porque no está valorado solamente con base en la utilidad que representa para el dueño. La posibilidad de intercambiar bienes permite que este tenga un valor de intercambio, y no solamente un valor de uso directo. Los intercambios permiten a la gente producir bienes no solo para ellos mismos, sino para intercambiarlos por otros bienes con otros individuos. Si no hubiera intercambios, una persona no podría producir bienes en grandes números o cantidades, puesto que el valor de uso directo del bien vendría para abajo (la ley de utilidad marginal decreciente2). Cuando el intercambio es introducido abre una nueva fuente de utilidad para los bienes. Ahora es posible producir un bien en grandes números y cantidades e intercambiar el bien por otros bienes que se valoran más. Por lo tanto, podemos ver el intercambio que permite la especialización e incrementar la productividad.
La especialización y la división del trabajo es un resultado natural del acto de intercambio. La especialización incrementa la productividad en tres modos: 1) diferencias en factores dados por la naturaleza, 2) diferencias en el capital y 3) diferencias en aptitudes y deseabilidad de los diferentes tipos de trabajo. Estas diferencias capacitan a personas, compañías, países y regiones a especializarse en la producción de ciertos bienes, en tanto que pueden obtener otros bienes necesarios a través del intercambio. El intercambio permite a la gente incorporar el valor del producto para otros en sus acciones, para especializarse, para incrementar su productividad y para satisfacer sus necesidades a través de la venta de bienes a otras personas. Esto conduce al surgimiento de una sociedad contractual y cooperativa. Cada persona se especializa en la tarea para la cual está mejor cualificada, y satisface sus necesidades a través del intercambio y en el servicio de aquellos que le rodean.
La división del trabajo y la comprometida participación en el intercambio permite a la gente beneficiarse a sí mismos al beneficiar a otros. Y el beneficio a otros ocurre aún a pesar de los motivos de los participantes en el intercambio. La gente podrá querer o no beneficiar a otros, pero en una sociedad pacífica basada en relaciones contractuales y de intercambio la mejor manera de beneficiarse a sí mismo es al involucrarse en la especialización y el intercambio. Al beneficiarse a sí mismos, como una consecuencia indirecta de sus acciones, las personas benefician a otros también. La utilidad del intercambio y de la división del trabajo es una muy importante razón por la cual el intercambio voluntario promueve la paz. Como lo pone Rothbard (1962/2009):
Por tanto, al explicar los orígenes de la sociedad, no hay necesidad de conjurar ninguna comunión mística o «sentido de pertenencia» entre los individuos. Los individuos reconocen, a través de su uso de razón, las ventajas del intercambio resultantes de la más alta productividad de la división del trabajo, y proceden a seguir este curso ventajoso. De hecho, es mucho más probable que los sentimientos de amistad y comunión sean efectos de un régimen de cooperación social (contractual) más que la causa. Supongamos, por ejemplo, que la división del trabajo no fuera productiva, o que los hombres fallaran en reconocer su productividad. En este caso, habría muy poca o ninguna oportunidad para el intercambio, y cada hombre trataría de obtener sus bienes con independencia autística. El resultado sería, sin duda, una fiera lucha para ganar posesión de los bienes escasos dado que, en tal mundo, la ganancia de bienes útiles de cada hombre tendría que ser la pérdida de otro hombre. Sería casi inevitable que tal mundo autístico estuviese marcado por la violencia y la guerra perpetua. Puesto que cada hombre podría ganar de sus semejantes solamente a sus expensas, la violencia sería prevalente, y parece muy probable que los sentimientos de hostilidad mutua fuesen dominantes. Como en el caso de los animales que riñen por unos huesos, tal mundo enfrentado solamente podría causar odio y hostilidad entre los hombres. La vida sería una amarga «lucha por la supervivencia». Por el otro lado, en un mundo de cooperación social voluntaria a través de intercambios mutuamente benéficos, donde la ganancia de un hombre es la ganancia de otro hombre, es obvio que se provee un amplio alcance para el desarrollo de la simpatía social y la amistad humana. Esta es la pacífica, cooperativa sociedad que crea condiciones favorables para los sentimientos de amistad entre los hombres. (p. 100)
El intercambio no solo permite la especialización y el crecimiento de la productividad, sino que también permite a los bienes y servicios encontrar el camino por donde se les valore más. El intercambio libre y los precios transfieren los mismos bienes y servicios a los lugares en donde son más escasos y donde, por tanto, tienen mayor valor. Así que aun si la cantidad de bienes estuviese fijada (que no es el caso, pues el intercambio también incrementa la cantidad de bienes disponibles), el intercambio voluntario incrementaría de todas formas la satisfacción neta al hacer que estos bienes aparezcan en manos de las personas que los valoran más.
Los individuos que se involucran en intercambios voluntarios y en especialización descubren que sus beneficios sobrepasan las ventajas que la guerra o cualquier otra forma de violencia puedn brindar. La productividad y el valor que surge del libre intercambio es la base de una sociedad libre, de responsabilidad para con uno mismo y libre de violencia.
Conclusiones
De este trabajo podemos obtener varias conclusiones. Entender que la escasez es una ineludible condición de la existencia humana tiene una inmensa importancia para la ciencia económica. La gente tiene varios fines subjetivos que son los objetivos de su conducta. El tiempo y los medios para alcanzar estos fines son siempre limitados o escasos. Nunca es posible satisfacer todos los fines que las personas se plantean, de modo que la necesidad de elegir es inevitable: los medios a la disposición de uno o los bienes económicos pueden tener aplicaciones alternativas.
Es imposible eliminar la escasez del todo. Esto es porque es imposible concebir una situación en donde un hombre no tuviera necesidad de actuar, y cualquier acto significa elegir entre alternativas relacionadas a la escasez. Aun cuando los recursos materiales son ilimitados, el tiempo es siempre limitado y escaso. La tarea primaria de la razón es sobrellevar conscientemente las limitaciones impuestas sobre el hombre por la naturaleza para superar la escasez.
Solo a través de una profunda consciencia de la escasez como la condición que da forma a las acciones humanas podemos realmente entender la naturaleza de nuestro mundo material. Ignorar el hecho de la escasez sería desastroso para la existencia humana. Significaría ignorar una parte crucial de la realidad; en concreto, que toda decisión, elección o acción humana implica siempre renunciar a todas las otras posibilidades o fines. No puede haber ninguna acción humana en donde la escasez no tiene un rol. Todas las acciones humanas están dirigidas a aliviar la insatisfacción que deriva de la escasez. Cada acción humana puede ser considerada como dirigida hacia el cambio.
En cualquier tipo de acción invasiva solo una parte se beneficia, la otra parte necesariamente pierde. Esta pérdida es la fuente de la improductividad de las acciones invasivas. Las acciones invasivas suponen la transferencia de bienes de una parte a otra; no suponen ningún acto de creación.
Hay dos maneras de incrementar la producción de bienes de consumo: incrementar la oferta de factores de producción disponible o mejorar la tecnología. Para producir algo se requieren ambas cosas. Los individuos que se involucran en la especialización y en el intercambio voluntario comprenden que estos beneficios sobrepasan las ventajas que la guerra o cualquier otro tipo de violencia pudieran ofrecer. La productividad y el valor que dimanan del libre intercambio es la base para una sociedad libre, de la responsabilidad personal y del estado libre de violencia.
Aunque la gente posea una comprensión práctica de lo que es carecer de algo, la escasez juega un papel todavía mayor en los fundamentos del pensamiento económico. La escasez no es tanto un «mal necesario» de la vida material ni una pesadez que puede solventarse con soluciones utópicas. Sí, la escasez es un hecho del mundo material, pero entender lo que significa y comprende nos permite captar la esencia del mundo material. Ideas y conceptos que los economistas (o, al menos, los economistas austriacos) aprecian entrañablemente, p. ej., la naturaleza positiva de la propiedad privada, pueden rastrearse a la escasez y a las empresas humanas para superarla. Desde esta perspectiva, la propiedad privada no es una invención arbitraria, como los críticos de la propiedad privada afirman. La base y el significado de su valor se hacen claros y transparentes. Una vez que entendemos que la gente valora cosas que necesita o desea pero que son escasas, obtenemos una simple (pero no simplista) comprensión de cómo se origina el valor y por qué el valor es subjetivo.
Empezamos a entender por qué los slogans políticos populares de acabar con la escasez, o incluso las recetas económicas utópicas para abolir la escasez, no son realistas. Empezamos a entender que el problema no está en la falta de herramientas, voluntad o alguna otra milagrosa tecnología todavía no descubierta, sino en la naturaleza humana.
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1 De hecho, se cree que el término fue acuñado por Thomas Carlyle, un escritor y filósofo escocés, quien llamó a la economía «ciencia deprimente» en referencia a Thomas Malthus y a su idea de que el crecimiento poblacional siempre llevaría al límite los recursos naturales y traería una generalizada miseria. Sin embargo, resultó que Thomas Carlyle se refería entonces a la supuesta justificación económica de la esclavitud (Thompson, 2013).
2 La ley de utilidad marginal decreciente establece que conforme un actor adquiere más y más unidades de un bien, las dispone a fines menos y menos urgentes sucesivamente (p. ej., fines que son menores en la escala de valores). Por lo tanto, la utilidad marginal de un bien decrece al aumentar la oferta.